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Día mundial del Arcoíris

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Esta mañana, mientras me ponía un té y recogía la cocina, escuché un informativo en formato video para redes sociales, de estos que se dan en dos minutos. Mi primer pensamiento fue que hasta dónde íbamos a llegar en este tiempo de prisa y de inmediatez. Y mientras echaba el agua hirviendo de la tetera en mi taza, no pude volver a centrar mi atención en otra cosa, al escuchar que hoy era el día mundial del arcoíris. Qué tontería, pensé. Pero después me vino a la mente mi hija. No hay dibujo de mi hija pequeña en el que no aparezca un arcoíris. Le encanta dibujar y pintar llenándolo todo de colores.

Cuando vemos uno en el cielo, nos parece un fenómeno precioso que se produce gracias a la reflexión y refracción de la luz solar en las gotas de lluvia. Es decir, para que se forme es necesario que llueva y haga sol. Como en la vida misma, son necesarias las tormentas para que conozcamos la calma. Hay quien, en medio de un momento oscuro, sabe encontrar la luz que formará su propio arcoíris en lugar de quedarse atrapado en las tinieblas. Una vez alguien me dijo que los momentos malos están para aprender a apreciar los buenos, a pesar de que los malos hagan más ruido.

Para algunos el arcoíris es un puente entre la tierra y el cielo, otros lo interpretan como una señal divina, algunos colectivos lo han convertido en su bandera y otros, como mi hija, lo asocian a la alegría y a lo bello. Lo que está claro es que cada uno deberíamos buscar nuestro propio arcoíris que nos conecte con la luz que necesitamos en mitad de este mundo, casi siempre, tan oscuro.

«La vida es demasiado corta como para quedarse sin bailar esperando a que suene la canción adecuada»

Silvia López Yagüe

Escritora

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