El amanecer de Marina

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“Como cada día sobre las 6 de la mañana, Marina cogía su libro, se calzaba sus zapatillas y se iba caminando a la playa con el único propósito de ver amanecer y después quedarse un ratito leyendo su libro favorito.

Con la primera luz del día comenzaba a leer y cuando llegaba alrededor de la página quince el sol comenzaba a salir. A medida que avanzaba el verano, el sol se iba retrasando y le daba tiempo a leer un poquito más antes de que el sol hiciera su aparición. Esa era la forma que tenía Martina de darse cuenta de que el verano avanzaba. Después regresaba a casa y realizaba, con escrupulosa precisión, cada una de sus rutinas: se duchaba con su champú y su gel favoritos, se vestía con la misma ropa que recogía del tendedero porque la había lavado a última hora de la tarde, se ponía los mismos zapatos y salía a comprar a la tienda de siempre, comía lo mismo cada día, veía su programa favorito… y todo lo hacía exactamente a la misma hora cada día.

Ese día, cuando llegó a su sitio favorito donde se sentaba a ver amanecer, se dio cuenta de que se había confundido de libro. No era el que leía cada día para recibir al sol. Por no volver a casa, comenzó a leerlo. Trataba de una chica que cada día de su vida hacía lo mismo. Su vida se llenaba de días completamente iguales, hasta que un día comenzó a hacer cosas diferentes. Viajó por el mundo descubriendo lugares nuevos, personas, playas, restaurantes y vivió un sin fin de aventuras.

Cuando llegó alrededor de la página quince, Marina pensó que el sol estaba a punto de salir, pero aún seguía escondido. Siguió leyendo con la poquita luz que había aún y fue descubriendo en su libro que la protagonista aprendía a vivir en un mundo lleno cosas maravillosas.

A los pocos minutos volvió a mirar al cielo y el sol seguía sin salir. Miró el reloj y vio que estaba parado en las 6:05 – ¡Se habrá quedado sin pilas! – pensó Marina. Continuó leyendo absorbida por una historia llena de aventuras y lugares asombrosos. Cuando Marina leyó la última palabra del libro, habrían pasado como 50 minutos, cerró el libro y miró al frente para comprobar que el sol aún no había salido. Miró el reloj y en ese mismo instante las agujas comenzaron a moverse. Poco a poco el sol fue dando los buenos días y a Marina le pareció el amanecer más bonito que había visto nunca.

Cuando el sol salió por completo, Marina no regresó a casa. Ni tampoco se duchó con su champú y su gel favoritos, ni fue a comprar a la tienda de siempre. Marina descubrió que la vida comenzaba fuera de sus rutinas. Descubrió lo feliz que le hacía disfrutar de la compañía de personas, de viajes, de libros nuevos, de atardeceres…

Ahora cada día cuando va a ver amanecer elige un libro diferente y le pide al sol que el nuevo día le traiga más aventuras. Por fin, Marina amaneció.”

Que no se te olvide VIVIR

¡Qué difícil es salir de la rueda del hámster! Muchas veces estamos tan inmersos en las rutinas que se nos olvida VIVIR. No nos fijamos que ahí fuera el mundo está lleno de amaneceres y atardeceres preciosos, de personas nuevas a las que conocer, gente con la que compartir un ratito, una charla o un café. Preferimos seguir en nuestras rutinas para construir una vida perfecta mientras nos perdemos la vida real.

“Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados“ 

Albert Einstein

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